Alan Guth y su extraordinaria propuesta de inflación cósmica

Emilio Elizalde

Resumen


En diversas ocasiones he explicado ya, con cierto detalle, cómo Georges Lemaître construyó su modelo del átomo primigenio. Salvando las distancias, podríamos decir que ese modelo tenía reminiscencias de algunas propuestas surgidas muchos siglos atrás, como la alegoría del huevo cósmico, una explicación de los orígenes del Universo y de la Tierra que se encuentra en diversas culturas ancestrales, como la egipcia, la hindú y la china, y que reapareció más tarde en antiguas leyendas del norte de Europa. Ya desde el principio, cuando fue formulado en 1931, el modelo de átomo primitivo de Lemaître generó bastante controversia, puesto que los especialistas en el tema se dieron pronto cuenta de que no tenía mucha consistencia. Y, pocos años más tarde, la propuesta recibió críticas si cabe más feroces; en paralelo con los progresos hechos en el conocimiento de las nacientes física atómica y física nuclear, aplicados a las primeras etapas de evolución del Universo. Avances que fueron protagonizados por físicos de gran relieve, como W.S. Adams, T. Dunham, G. Gamov, R.A. Alpher, R.C. Herman y F. Hoyle. Fue este último quien concluyó, de forma categórica, que de ninguna manera podía haber habido un átomo primitivo que concentrara toda la masa y la energía del Universo, tal como suena. Por otra parte, su desintegración, ¿a qué tipo de fenómeno podía obedecer? Lemaître fue capaz de proponer algunos, pero con muy escaso éxito.



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